Mientras me alejaba de mis pensamientos tormentosos de este domingo, miraba el cielo nublado de esquina a esquina, la luz tenue que había en los rincones de la residencia en donde hoy en día vivo daba un ambiente prefecto para disfrutar de una lectura al aire libre, para despejar mi mente de pensamientos basura. Estaba yo inconforme con los lugares para estar mientras leía. Probé asientos de concreto que me dejaron muy inconforme, y en uno de esos cambios de lugar me topé con un par de niños que, a mi parecer, estaban peleados. Por las escaleras se escuchaba su discusión, y por lo que pude llegar a entender de aquel infantil drama, el niño más pequeño quería estar cerca del niño más grande, pero este último no quería estar con el niño más pequeño ni jugar con él, porque según este brabucón, el pequeño era un “webon”. Aquella pelea me causó mucha risa, por el simple y malévolo hecho de ver a niños tan pequeños decir palabras obscenas. El niño pequeño se terminó alejando del grande y se sentó junto a mí, mientras yo leía un capítulo de “Por Quién Doblan las Campanas”.
-¿Qué es eso?- me preguntó el niño.