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viernes, 26 de octubre de 2012

Fragmento de Algo.





Todas las mañanas eran lo mismo para Matías: todo se resumía en comer su desayuno, despedirse de su madre e ir al colegio. Esa mañana en particular iniciaba su curso en sexto grado de primaria en la escuela situada a unas cuadras de su casa. Como su mamá ya lo consideraba un "hombrecito", lo suficientemente inteligente para no hablar con extraños ni aceptar nada que le ofrecieran en la calle, lo dejaba caminar solo hasta el colegio desde hace ya un año. Y la señora estaba en lo correcto: su hijo era el mejor de la clase, el mas atento, el mas estudioso de todos los niños, uno de los mejores estudiantes del curso, tanto así que ya habían especulaciones de lo bien que le iría en el futuro a Matías si seguía así con los estudios.
 
Todas las mañanas eran lo mismo para Matías, pero había algo en aquel día que lo hacía ver diferente. Quizás era el mal tiempo que hacía, o que a su madre se le había olvidado prepararle el desayuno y le dio dinero para que comiera en la cantina, cosa que no le gustaba hacer, ya que prefería que su hijo comiera sano y en casa. Comenzó su andar hacia el colegio, el aire frío a su alrededor le recordó que había olvidado su suéter de lana en casa, pero no quiso devolverse a buscarlo, se sentía lo suficientemente valiente para ganarle a aquel viento helado.
 

El viento se estrellaba contra su frente, sus brazos descubiertos y sus tobillos (pensó que también fue mala idea no llevar calcetines). Trató de no quejarse al principio pero le resultó casi imposible, lo bueno era que la escuela no quedaba lejos, caminaría unas pocas cuadras mas y estaría en su cálido hogar de estudios, donde le pediría un abrigo prestado a alguien. Mientras caminaba distinguió a lo lejos dos figuras: una pequeña, como de su misma estatura; otra mucho mas alta que la anterior, de contextura gruesa. Al acercarse los pudo ver mejor, se trataban de un hombre adulto, y a su lado una niña de cabellos castaños. Ambos permanecían parados en medio de la acera. Matías pasó de largo sin darles mucha importancia, tenía un historial de asistencia impecable en su curso y quería conservarlo, ni el viento ni una sospechosa escena lo detendrían.
 
"Sospechosa escena". Aquellas palabras, por alguna extraña razón retumbaron en su mente de niño de once años. Se detuvo en seco y volteó. Estaba ya a unos cuatro metros alejado de aquellos dos. El hombre que antes permanecía de pié ahora estaba agachado, todavía dirigiéndole la palabra a la pequeña niña de cabellos castaños; la expresión en el rostro del sujeto era dulce, pero de alguna manera forzada, como si se tratase de un actor mal pagado de Hollywood. Al otro lado de la calle se encontraba el linde del bosque, el viendo sopló con fuerza una vez mas, fue como un rugido, el rugido de aquél bosque que de alguna manera anunciaba la venida de algo terrible.

Continuará...

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