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lunes, 13 de febrero de 2017

Amigo

"Children Playing" - Artista: José Navarro




Cuando el niño se agachó para tomar el caramelo, los ojos en la penumbra ya lo observaban.

Dos esferas rojas como la sangre surgían entre los arbustos. La espalda del infante se tensó, tal cual un cachorro en problemas, cuando las observó penetrar en su alma. Recuerdos, en los que brotaban pequeños atisbos de infancia,  se destaparon como una cloaca inundada de suciedad citadina; la sensación de peligro le ayudó a recordar su pasado. Pero su presente era confuso.

martes, 28 de abril de 2015

Falsos pretendientes


   


Los turistas vieron pequeñas páginas de un diario que flotaba en el mar, y estas se alejaban a medida que el barco daba marcha hacia su destino. La chica que vieron con un vestido estampado de flores desapareció, y junto a ella aquellos ojos violeta que jamás se borrarían de la memoria de muchos. Algunos lloraron, otros gritaron de pavor, los más curiosos se acercaron al borde en busca de algún cuerpo.


lunes, 22 de septiembre de 2014

Madre de las ratas



Imagen extraída de la web.


Una rata se cola entre los agujeros de una pared roída por el descuido humano, ella nació de la inmundicia ciudadana, es portadora de rabia y pulgas. Logra penetrar el interior de una humilde casa alejada de la ciudad, ubicada en los inmensos barrios. Busca con su olfato restos de comida olvidados,en buen o mal estado, para poder sobrevivir una semana más y dar a luz a sus crías que poco a poco crecen en su interior.


lunes, 11 de agosto de 2014

Las sombras en tu rostro




Marcos corría a la orilla del lago con su papagayo, pero no había viento que lo impulsara a volar. El juguete hecho con palitos y bolsas de plástico no despegó nunca; y algo tenía aquella mañana: el viento le mandó un mensaje que no había podido descifrar aún. Los pájaros no cantaron al amanecer, los insectos dejaron de picar su delgado y sucio cuello. Pero su diversión no se vería interrumpida por la naturaleza: tomó su caña de pescar hecha a mano, desamarró una curiara del muelle y se lanzó al lago a pescar. Su mamá hacía arepas en el budare, finas y con la forma exacta de un disco.


miércoles, 23 de julio de 2014

Carajita





Una niña sin incisivos centrales comía caramelos; chupaba su dulce hasta verlo desaparecer en su roja lengua. Armando, su vecino, se burlaba de sus dientes caídos, y de la forma que comía caramelos de frutas. “Maldito seas, niño. Maldito seas”, pensaba para ella, sin decirlo, pues su madre le enseñó a no decir groserías pero olvidó enseñarle a dejar de pensarlas. A Armando le gustaba la niña, por eso se burlaba sin compasión, ya que los niños no asimilan muy bien el amor. Se siguió burlando hasta hacerla llorar una tarde. “Maldito seas, Armando. Maldito seas”, le dijo de nuevo la niña, en el parque, chupando un caramelo de cereza.


sábado, 15 de marzo de 2014

Confesión




 “Las sombras de los árboles cubrían mi rostro manchado, en una penumbra aparentemente infinita para mis ojos. Un frío me arropaba sin compasión, pero yo me negaba a sentir los débiles hormigueos en mi piel que –como piel de gallina- mostraba mis vellos elevados como pilares. Nada era cien por ciento real para mí, sólo la presencia de su cadáver, y mi mirada que no dejaba de perderse en la herida que gorgoteaba el espeso líquido vital y caliente. Pero no mucho salía de ésta cuando llegué al bosque: las hojas manchadas en el suelo de tierra fueron un indicio perfecto para un cálculo de la cantidad de sangre perdida del cuerpo. Sí, Estaba muerto. Muerto como los cuerpos de las zarigüeyas  que solía ver en la carretera, cuando iba de viaje con mi hermano. Me preguntaba en ese instante si él también estaría muerto; asesinado y arrojado en una zanja de algún bosque lejano o cercano, o consumido por un cáncer mortal; o baleado por asaltantes. No volví a verlo ni a pensar en él hasta ese instante. Tomé un largo respiro y cerré los ojos, intentando analizar lo que estaba pasando, pero sólo logré que una frase invadiera mis pensamientos: “Lo he matado”.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El Soldado Médico (Segunda Parte: Cometa)


  Gritos, gemidos, explosiones por doquier; tantos sonidos se apoderaban del campo a la vez, causando confusión y discordia. Miguel sólo se atrevía a mirar al soldado y su herida para distraerse de lo que pasaba en el mundo; el costado donde había entrado la bala gorgoteaba sangre velozmente, sus sentidos trataban de ignorar el caos para concentrarse en la vida de aquel hombre moribundo. Porque a eso vino a este mundo, sin importar que le cayese una bomba encima, sin importar que fuese un hombre del otro bando, Miguel estaba decidido a cumplir su labor como ser humano; no se rendía ante la pérdida de su humanidad tan fácilmente, como los que iniciaron aquella guerra que parecía no tener final. Él aún tenía apreciación por la vida, quizás no por la de él mismo, pero sí por la vida a su alrededor. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

El Soldado Médico (Primera parte: El águila Dorada)



Miguel Suarez estaba en pleno campo de batalla haciendo lo que estaba destinado a hacer desde el momento en que nació: Salvar vidas. Miguel era un soldado médico, y en plena quinta guerra mundial se ubicaba en lo que quedaba del territorio que antes recibía el nombre de Argentina. Las grandes Águilas, (el nombre que recibía el enemigo) contraatacaban con toda su artillería a lo poco que quedaba del continente sudamericano. Con sus armas nucleares destruyeron ciudades enteras y con sus soldados genéticamente alterados ganaban todas las batallas a kilómetros de donde Miguel se encontraba. 

miércoles, 3 de julio de 2013

Cócteles de Soledad



En un bar de la ciudad, dos amigas se encontraban hablando, mientras compartían unas bebidas. Amelia y Fabiola. Fabiola contaba felizmente lo bien que le iba en su relación de ocho meses y lo mucho que estaba enamorada, mientras que la desafortunada Amelia secretamente la envidiaba, pues esta no era muy suertuda en el amor. 


jueves, 28 de febrero de 2013

Palabras para una nueva idea: "La historia de Sebastián"





Sentado en su solitaria cama, Sebastián abre su libreta de notas recién comprada en la tienda de la esquina. Y, siguiendo los consejos de su terapeuta, anota lo siguiente:
 
“No teníamos idea de cómo empezar el día, así que simplemente nos enamoramos.”
 
...

jueves, 3 de enero de 2013

Las noches en mi celda




Trato de no pensar en los gritos de afuera. No solo son los gritos, también escucho golpes y alaridos de animales. Ya no sé qué tiempo tengo aquí encerrado; perdí la cuenta de los días, de las horas. Me alimentan, me bañan, se aseguran de que esté en buenas condiciones. Lo han hecho por un largo tiempo. No lo entiendo. ¿irán a matarme? ¿Formaré parte de aquellos gritos y alaridos que escucho a lo lejos, afuera de mi celda? Siento como si me preparasen para algo.
 

viernes, 26 de octubre de 2012

Fragmento de Algo.





Todas las mañanas eran lo mismo para Matías: todo se resumía en comer su desayuno, despedirse de su madre e ir al colegio. Esa mañana en particular iniciaba su curso en sexto grado de primaria en la escuela situada a unas cuadras de su casa. Como su mamá ya lo consideraba un "hombrecito", lo suficientemente inteligente para no hablar con extraños ni aceptar nada que le ofrecieran en la calle, lo dejaba caminar solo hasta el colegio desde hace ya un año. Y la señora estaba en lo correcto: su hijo era el mejor de la clase, el mas atento, el mas estudioso de todos los niños, uno de los mejores estudiantes del curso, tanto así que ya habían especulaciones de lo bien que le iría en el futuro a Matías si seguía así con los estudios.
 
Todas las mañanas eran lo mismo para Matías, pero había algo en aquel día que lo hacía ver diferente. Quizás era el mal tiempo que hacía, o que a su madre se le había olvidado prepararle el desayuno y le dio dinero para que comiera en la cantina, cosa que no le gustaba hacer, ya que prefería que su hijo comiera sano y en casa. Comenzó su andar hacia el colegio, el aire frío a su alrededor le recordó que había olvidado su suéter de lana en casa, pero no quiso devolverse a buscarlo, se sentía lo suficientemente valiente para ganarle a aquel viento helado.
 

viernes, 28 de septiembre de 2012

La cabra de Omaira




Sentada en un costado de la cama matrimonial, se encuentra Omaira. Mujer de 47 años, algo acabada, sin hijos, con un trabajo de baja paga, con un esposo con el que lleva casada veinte años; este se encuentra acostado, durmiendo en el otro lado de la cama. Omaira tiene un hobby. Todos tenemos uno. Siempre buscamos la manera de distraer nuestra mente de los problemas diarios. Algunos coleccionan objetos valiosos, otros tocan instrumentos musicales; los más jóvenes compran videojuegos y se plantan todo el día en ellos, salvando princesas, matando alienígenas. A Omaira desde pequeña le llamó la atención el ocultismo. De niña sus padres la dejaban muchas veces con su abuela; estos discutían mucho y querían alejar a su hija de sus problemas maritales.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Ya no confío en ellos





Primeros apuntes de mis miedos:

No he podido dormir en días y noches. Y no le he contado a nadie al respecto. Ya perdí la noción del tiempo. Cuántos días, cuántas horas. Me miro en el espejo de mi baño, lo que veo no es nada alentador. Mis ojeras son como hamacas, pintan mi cara pálida. Ya no sé en qué pensar. Siempre fui escéptico con este tipo de situaciones. Pero ya no más. Ahora creo, creo en la vida después de la muerte. Creo en otros planos astrales. Creo, creo, creo. Creo en lo paranormal, y tengo miedo. Tengo miedo de enfrentarme a ello. Se alimenta de mis temores, de cada grito que suelto al despertar. Cada moche es igual de aterradora. Cada día es igual de agotador.